jueves, 26 de septiembre de 2013

CUIDADO CON LA LUJURÍA JAN STEEN

CUIDADO CON LA LUJURÍA 1663
Cuidado con la lujuria
óleo sobre lienzo 95,5 x 142,5 cm
Museo de Historia del Arte, Viena






Jan Steen , holandés del siglo XVII , pintó muchos cuadros sobre alborotos domésticos . Éste es un ejemplo especialmente fino de cómo el humor ,apoyado en símbolos moralistas y en el pensamiento convencional , puede ser una apología de las buenas formas.


En el centro de la composición vemos a una joven vestida de tiros largos con extravagante atuendo de seda dorada , elegantes mangas acuchilladas y metros de fino popelín albo, las puntiagudas chinelas y el escote de balcón le dan un aire pícaro. Steen acentúa su sensual atractivo pintándole una rosa en el canalillo. Al representarla sentada junto a un hombre que interpone una pierna entre sus abiertas rodillas , deja bien claro que está curada de espanto. Con esta postura , sugerente del acto carnal , insinúa que está liados ilegitimamente . Otros detalles, como el vaso repleto de vino que ella le ofrece , justo encima de la ingle de él y su descocado modo de mirar y sonreír , la marcan como una furcia.


No obstante, estamos ante un entorno doméstico , no en un burdel; un examen detallado de los personajes nos lleva a comprender el papel asignado a la joven mujer . El hombre sentado a su lado es probablemente el dueño del lugar. Aunque ataviado correctamente , está en tal estado de desaliño ( con el cuello abierto y el jubón desabrochado ) y su postura es tan lamentable que hay que asumir que está borracho. En un gesto caballeresco, sostiene una rosa, símbolo del amor. Es posible que la joven, quizá la sirvienta del hogar , le haya estado dando de beber, desplegando sus encantos para subvertir el orden natural de las cosas . El ama de casa, a la izquierda detrás de la joven, ataviada con un recatado batín con ribetes de pieles y con el pie sobre un brasero ( un detalle hogareño típico ) debería estar vigilante . Sin embargo, las brasas están en un recipiente de barro, lo que hace inútil el artilugio y la propia ama está en Babía, sumida en un profundo sueño.


La ausencia de autoridad , plasmada evidentemente en esta figura, anima al desenfreno a todos los moradores de la casa. No sólo el dueño flirtea con la criada, sino que a la izquierda vemos a un crío sentado en una trona ( con un gorro de fieltro utilizado en la época para prevenir chichones ) que juega con las joyas de la familia y echa comida al suelo. Sobre la mesa hay un chucho marrón y blanco zampándose los restos de una empanada . En el rincón del fondo, una criada se apodera de lo que encuentra en una alacena abierta y un niño pequeño fuma en pipa. Desparramados en primer planos se ven unos cuantos detalles que dan una idea del desorden imperante . El vino se escapa de la barrica de la izquierda, unos importantes documentos legales con sus correspondientes sellos yacen tirados sobre el suelo , hay vasijas volcadas, comida tirada, dados y cartas que simbolizan el juego. La ostentosa pipa blanca del lado del sombrero negro del dueño es, probablemente , un pícaro calambur erótico . Sobre el aparador del extremo derecho se aprecia un limón medio pelado, un fruto importado de los países mediterráneos y, por tanto, caro. Con ello se subraya el derroche y la desmesura de la escena. El cerdo que entra por la derecha huele una rosa, ejemplarizando la desaparición de las trabas internas normales. Se trata de una paráfrasis visual de lo descrito por Mateo en 7 6 " No echeís vuestras perlas a los cerdos " . En el extremo derecho , en una pintura se lee el título del cuadro Cuidado con la lujuría


El desmadre que en esta pintura se ilustra está engendrado por varios factores: la cesantía de la autoridad de la señora de la casa, el efecto de la bebida y la necedad del género humano , una sandez que queda manifiesta en la pareja del lado derecho . Aunque lleven ropa sobría de colores oscuros y comentan un libro, varios detalles apuntan a que no son tan castos como aparentan. El hombre exhibe una expresión embrutecida y aturullada; lee, pero sin entender  lo escrito. La mujer es la clásica rezongona, con el dedo alzado le indica al hombre lo que debería ( o no debería ) hacer. El ánade sobre el hombro del varón probablemente es una referencia a la gárrula costilla metementodo: " la que sigue la caza,ésa la mata " , dice el refranero. El mono de arriba juega con el reloj de pared , una alegoría de la estupidez y lo transitorio. En medio de este desorden, un hombre con el rostro girado ( quizás un autorretrato del artista ) toca el violín para animar el cotarro-.


Como es natural, se espera que el observador se ría ante tal suspensión de las normas de conducta . Con detalles que se apoyan firmemente en la realidad ( bebés que tiran comida y animales domésticos en la sala ) se intenta que el observador se sienta familiarizado con la escena, pero su acumulación en un espacio cerrado subraya el carácter artificioso ; no estamos ante una verdadera escena doméstica , sino ante un montaje hecho a propósito. El pintor recurre a ejemplos negativos con fines didácticos, halagando nuestro sentido del humor, antes de presentar sus tesis.


La moraleja de la obra se encuentra en el cesto que pende de un clavo, situado fuera del cuadro. Contiene objetos asociados con la pobreza , la enfermedad y el libertinaje. Puede apreciarse una muleta , una fusta para administrar castigos y una taza para pedir limosna ; a la izquierda cuelga una sonajero de leproso. Quedan claras las consecuencias de estos comportamientos con los objetos pintados en el suelo . A diferencia de los personajes del cuadro , el observador percibe específicos presagiosde despilfarro, vicio y bancarrota , y aunque nos desternillemos ante tan necia actitud, nos vemos impulsados a aprender ante tan mal ejemplo.


Mercedes Tamara 
26-09-2013



Bibliografía : " Obras Maestras del Arte, " Edic Blume


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