jueves, 10 de octubre de 2013

LA LUCHA DE DON CARNAVAL Y DOÑA CUARESMA PIETER BRUEGHEL EL VIEJO

LA LUCHA DE DON CARNAVAL Y DOÑA CUARESMA 1559
La lucha entre Don Carnaval y Doña Cuaresma
óleo sobre tabla de roble 118 x 164 cm
Museo de Historia del Arte, Viena

Un barrigudo se sienta sobre un barril colocado en un trineo . Blande un espetón con ricos cortes de carne ensartada. Los pies introducidos en ollas , a modo de estribos , la cabeza coronada por un pan de lardo, con un buen empujón que le propina una borracho colega , el hombre cabalga a una paródica justa.Su oponente es una mujer exageradamente alta y delgada, con una colmena en forma de mirra en la cabeza . Entra en un combate montada sobre un carromato que arrastran una monja y un fraile . Va armada con una pala de panadero improvisada lanza, en la cual se aprecían dos sardinas. Unos niños con unos pretzels y armando jarana con sus matracas son sus escuderos. El grotesco torneo marca el tema del cuadro : los excesos que se cometen en Carnaval. Brueghel recurre a detalles anodinos del folclore popular y a un campechano sentido del humor para ilustrar esta escena de humano desvarío.
El Carnaval se celebra en fechas variables, inmediatamente ante de los cuarenta días de abstinencia, ayuno y penitencia de la Cuaresma. Literalmente, el " adiós a la carne " constituye una celebración pública en forma de jolgorio y festines , durante la cual la gente se libra alocadamente a los placeres del vino, la comida, los bailes y la parranda . En Holanda , el último día de Carnaval , era un momento de disipación y libertinaje. En el presente cuadro seguramente se representa esto. Con la Cuaresma, la litirgia cristiana conmemora acontecimientos adversos a la Biblia ( los cuarenta días que duró el Diluvio o lo que Jesús ayunó en el desierto ) y se embarca en un mes de penitencia. Está prohibido comer carne y se recomienda vivir sobria y piadosamente.
Brueghel presenta los dos antagónicos comportamientos en esta composición orientada hacía arriba. Los alegres carnavaleros a la izquierda, los penitentes cuaresmales a la derecha. Al escoger un villorio ordinario de los Paises Bajos, en realidad está presentando un retrato de su sociedad.
El jolgorio del Carnaval está claramente pintado ; siguiendo el tipo de barril están sus huestes, estrafalariamente vestidas y con burlonas máscaras. Uno de los participantes transporta una mesa preparada con yantares sobre la cabeza. Por el suelo pueden verse huevos rotos y comida tirada; un cerdo los aprovecha. Delante de la taberna, marcada con la enseña de una barca azul ( una manera de referirse a tarambanas y bebedores en aquella época ) , un grupo de gente contempla a unos faranduleros representando La puerca novia , una obra popular emblemática del mundo al revés. En la esquina inferior, unos jugadores indigentes bailan
. Dos parejas se divierten rompiendo vasijas viejas, quizás un juego con connotaciones sexuales al asociarse a himenes desgarrados . Otros se dedican a ver quién puede trasegar más vino . Al fondo avanza una comitiva de cantores con un gaitero al frente ( un instrumento pintado en forma de testículo )y más allá, detrás de unos músicos, arde una enorme hoguera . Hay signos de abundancia por doquier : grandes fardos de vituallas, odres repletos, apuestas de dinero y vestidos extravagantemente decorados. A pesar del frío invernal , deducible de los árboles sin hojas, el pueblo celebra la ocasión a lo grande.
En cambio, en el lado cuaresmal todo está orientado hacía la iglesia y a una pisdosa austeridad. Las imágenes se han cubierto con lienzos. Terminado el sermón, una multitud emerge por las salidas delanteras y lateral, cada parroquiano con la frente marcada por una cruz, lo que sugiere que acaban de celebrar el Miércoles de Ceniza. Los taburetes y asientos que llevan consigo son un comentario sobre la duración de la  homilia. Los personajes con capa negra de la derecha entregan una limosna a los indigentes que aguardan . Con ello se quiere aludir a la caridad cristiana que hay que pacticar en período cuaresmal, incluyendo cuidar a los enfermos , socorrer al desvalido y amortajar a los difuntos. Algunos feligreses demuestran su piedad orando en público, encarados a la pared del templo. Cerca de ellos, unos niños juegan a la peonza; en el pozo comunal , los pescadores ofrecen su género y las mujeres sacan agua. Los brotes verdes de los árboles indican que la primavera está al caer, pero la gente está ensimismada en su penitencia; ni parecen darse cuenta del cadáver dentro del carro que atraviesa la plaza.
El cuadro plantea muchos contrastes internos. Aunque la escena pretende representar la vida normal de una aldea, en ella abundan las contradicciones. La taberna está enfrente de la iglesia. La anciana que cuece tortas está al otro lado de los pescadores : mullida masa de harina contra el escurrido pescado, La pieza representada por los cómicos de la legua, un cuento popular sobre las madres solteras , se contrapone al grupo de dadivosos feligreses de la derecha. Aunque parezca que el cuadro se puede leer así: el lado carnavalesco como referencia al protestantismo y el cuaresmal como una alegoría del catolicismo ( ambos en pugna en la época ) no pretende ser una dicotomía de buenos contra malos. Ambas partes se comportan desaforadamente y ninguna parece más virtuosa que la otra.
Mercedes Tamara
10-10-2013
 Bibliografía ; 1001 Pinturas que hay que ver antes de morirse, Edic Grijalbo

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