lunes, 10 de febrero de 2014

ADORACIÓN DE LOS PASTORES ANTONIO DEL CASTILLO Y SAAVEDRA

ADORACIÓN DE LOS PASTORES 1651
Adoración de los pastores
óleo sobre lienzo 226x 161 cm
Colección Masaveu






Antonio del Castillo era hijo del pintor extremeño Agustín del Catillo , afincado en Córdoba , pero seguramente de formación sevillana. Muerto su padre en su infancia, su educación corrió a cargo del poco conocido pintor Ignacio Aedo Calderón, si bien sería en Sevilla donde adquiriría el bagaje definitivo , ayudado por el cordobés ,  Juan Luis Zambrano quien le introduciría en el entorno de Zurbarán hacía 1624- 1625. Aunque esta relación no está documentada , la impronta en sus modelos juveniles es evidente. 






Establecido definitivamente en Córdoba , allí se convirtió en el pintor más afamado al arrancar la década de 1650. Bien relacionado con los mecenas cordobeses , en especial con los obispos y la catedral , su obra se concentró en sus establecimientos religiosos. Su pintura se caracteriza por apego al naturalismo, algo retardario, pues apenas filtró elementos del barroco pleno, si bien alcanzó un  equilibrio narrativo y una expresividad muy apreciados por sus comitentes. Especial afición tuvo al paisaje , su faceta más original , en la que desplegó una mayor soltura de pincel y luminosidad ambiental . Fue un artista de vida azarosa en lo económico y familiar completando su compleja personalidad con la afición a escribir versos. 






Precisamente el año en que está firmado este lienzo Castillo obtuvo el segundo premio en un certamen en honor del arcángel san Rafael. Un año crítico, pues entonces concluyó la epidemia de peste que asoló Córdoba desde 1649 . Quizá el tono austero y contenido que imprimió a un asunto que invita a la celebración de la vida emanara del ambiente que se respiraría tras la tragedia. 





Buena parte de los estudiosos de Castillo coinciden en admitir la Adoración de los pastores de la Colección Masaveu como su obra maestra. Aunque se desconoce el lugar para el que fue pintada , las grandes dimensiones y la ambición de la composición evidencian que se destinó a un altar público . La cuidada firma y data así lo confirman , y más en un artista con pocas pinturas fechadas. Se ocupó del tema en numerosas ocasiones, en las que retomó algunos de los elementos presentes, pero esta es la única versión fechada . Aunque el patrón compositivo se inspira en una estampa de Boetius Adams Bolswet según Abraham Bloemaert (1618), artista al que recurrió habitualmente , lo cierto es que Castillo concitó en este monumental cuadro la tradición iconográfica presente en Sevilla y Córdoba que, en última instancia, evocaba a conocidos modelos italianos. Así , Zurbarán, Pablo Légot y Juan de Roelas ofrecen una distribución bipartita análoga . También algunos personajes evocan tipos frecuentes en estos artistas, como el aldeanillo con dos gallinas que mira picaramente al espectador y que se asemeja especialmente al niño que aparece en la Adoración de los pastores tradicionalmente creída de Zambrano y ahora asignada al obrador de Zurbarán ( 1630, Córdoba Museo de Bellas Artes ).





La escena es presidida por los primeros versos del Gloria . Aunque fue el cántico con el que los ángeles anunciaron a los pastores el Nacimiento , por tradición se une al epìsodio de la Adoración. De ahí que unos angelillos sostengan la filacteria con el canto, introduciendo así una evolución musical. Estos niños alados . muy característicos del artistas, están trazados con intención casi escultórica , con anatomías redondas , bien delineadas , pero paradójicamente inexpresivos , pese a caprichoso juguete áereo. Este motivo fue preferido por Castillo, utilizándolo en otras versiones del tema, seguramente posteriores ( Málaga, Museo de Bellas Artes; Nueva York, Hispanic Society , Granada , colección particular ).





Esa misma contundencia pesada de las figuras se aprecia en los personajes de la escena terrena, remarcada por el profundo contraste de sombras que trae la noche. La compacta sobriedad del grupo recuerda vivamente a Ribera, en especial en los pasajes tomados del natural, como el pastor anciano de perfil. Este debió de ser un modelo real empleado por el pintor en estos años, utilizado en otras Adoraciones y en sus representaciones de San Jerónimo ( 1665, Museo del Prado ) La solemnidad que transmite la escena , solo rota con las breves concesiones a la risa, está ambientada en un entorno humilde cuidadosamente descrito, desde el suave pelo del manso buey , la sequedad de la paja del pesebre o la pesadez de las telas plegadas con las que viste la Sagrada Familia.







Mercedes Tamara
10-02-2014

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