jueves, 6 de febrero de 2014

SANTA CATALINA DE ALEJANDRÍA FRANCISCO DE ZURBARÁN

SANTA CATALINA DE ALEJANDRÍA, 1640
Santa Catalina de Alejandría
óleo sobre lienzo 179x 102 cm
Colección Masaveu


Zurbarán pertenece a la gran generación de maestros del primer barroco en España. Hijo de un acaudalado comerciante de una población pacense , entre 1614 y 1617 se formó en Sevilla con Pedro Díaz de Villanueva. Posteriormente se estableció en LLerena ( Badajoz ) , aunque mantuvo activos los lazos con la ciudad hispalense a los que regresaría definitivamente en 1629. Su obra se enmarca en el pleno naturalismo , demandado por una clientela fundamentalmente religiosa. Su efectismo dramático fue muy apreciado por las órdenes monásticas , que le encomendaron series completas de vidas de santos.


En 1634 viajó a Madrid para participar en las decoraciones del Buen Retiro . El conocimiento de las novedades italianas y flamencas llegadas a la corte transformó algo su pintura , pero en esencia permaneció fiel a su estilo , perfectamente adecuado a las prácticas devotas de sus comitentes. A su regreso a Sevilla realizó pinturas para la cartuja de Jerez y el monasterio de Guadalupe , sus conjuntos más significativos y de plena madurez , junto con el más tardío de la cartuja de Sevilla.



No obstante, la paulatina imposición del pleno barroco encarnado por el propio Murillo acabaría por provocar el declive de su influencia en la ciudad. En 1658 emprendió una nueva aventura madrileña , a la búsqueda de una clientela cortesana,que apreciara su especial sensibilidad para la piedad privada, ligeramente adaptada a los nuevos tiempos.







Dentro del repertorio más propiamente zurbaranesco , las imágenes de santas mártires individualizadas , representan un capítulo señalado . Su personal interpretación de la figura femenina , vista con una idealización distante y sosfisticada, gozó de una gran demanda a juzgar por las numerosas versiones y variantes del taller localizadas. Frente al austero ascetismo de sus imágenes monacales , Zurbarán desplegó en sus santas tal riqueza indumentaria, caprichosa y a veces inverosímil, que acertó a formar un prototipo teatralizado de la santidad apto para el consumo de las capas privilegiadas de la sociedad andaluza. Aunque en ocasiones representó mujeres en atuendo campesino como Santa Margarita (Londres, National Gallery ) , la mayoría de sus santas se muestran como damas
.Una (peculiaridad no exclusiva de Zurbarán que suscitó aceradas críticas entre los teólogos coetáneos. Aunque el resultado es de gran personalidad , según su práctica habitual partió de diversas estampas. Algunas se han relacionado con Durero , como esta Santa Catalina cuyo vestido se ha visto inspirado en la Boda  española ( 1515 ) del Arco Triunfal de Maximiliano I. Ese mismo aire refinado es ya advertible en grabadores flamencos y alemanes de los siglos XV y XVI , como Isabel van Meckenem o el llamado Monogramista M.


La imagen de Santa Catalina de la Colección Masaveu es, sin duda, una de las más afortunadas realizaciones de Zurbarán . Su cuidadosa factura y sus rasgos bien caracterizados , alejados de sus acostumbrados convencionalismos fisonómicos, han llevado a pensar que fue concebida como obra independiente , no incluido en una serie . Se ha sugerido que se trata de un retrato llevado al ámbito sacro, lo que en la terminología artística española se viene denominando " retrato a lo divino ".


Quizás en este cuadro la complicada vestimenta palaciega de la protagonista esté más justificada , ya que según la Leyenda Dorada Catalina era hija del rey de Alejandría . El libro que porta simboliza su dedicación al estudio de las escrituras,de igual manera que la espada que firmemente sostiene fue el instrumento con el que fue degollada tras su fallido martirio . Incluso la expresión ascética evocaría sus visiones de Cristo , con el que se desposó místicamente . El aplomo de la figura, aislada en la oscuridad, se emparenta con Santa Isabel de Portugal del Museo del Prado , por sus disposición y escala. Ambas debieron de pintarse en fechas cercanas después del primer viaje a Madrid , si bien aquí, el elegante perfil , de ecos clasicistas aumenta la severidad del gesto y distanciamiento. Las pesadas y variadas telas , de colores contratados, texturas diversas y amplios plegados, confieren peso a la frágil presencia de la jovencísima santa. Extraordinario protagonsimo cobra la sobrefalda recamada en oro , con grandes motivos romboidales , de meticulosa elaboración. La impresión estática general apenas es mitigada por el lazo rojo de su espalda, volado por un viento inexistente en la quietud del lienzo.



Mercedes Tamara
6 -02-2014


Bibliografía :Colección Msaveu :" Del Románico a la Ilustración"

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